Tenia trece años y hasta ese
momento mi vida había trascurrido tranquila y siempre fue así, o la menos así lo creía yo, había esperanza y el
sentimiento de que todo estaba bien. Fue poco después cuando esa parte de nosotros se desarrolla y comienzas a ver el mundo de otra forma, mi sexualidad empezaba a florecer me convertí en un joven aunque de baja estatura - siempre fui de los mas bajos en mi clase- con un físico bien formado, unos ojos expresivos y de una belleza extraña como me lo decía mi abuela. Sudaba esa sexualidad propia de mi edad y cosa rara para mi en esos días atraía la mirada algunos jóvenes mayores de mi escuela y aunque las chicas me acechaban nunca fueron de mi predilección, es entonces que comencé a ver todo diferente y entre en una tristeza y encierro interior. La esperanza de ese mundo ideal que de pequeño deseaba ya no era posible y mis pensamientos eran una parte mía que se dedicaba a crear sentimientos positivos, una defensa a mi tristeza y visión dura de ese mundo exterior.
Viví mucho, pensé igual, sentí y
me di a la tarea de experimenta y saborear todo los platillos sentimentales que
pasaban a mi alcance. La muerte de mi perro, la desaparición de otra sirvienta
de la cual me había apegado, mi vecino que se mudaba a otra ciudad, la
despedida de mi abuelo en fin.....
Moría día a día, ante la
incertidumbre de mi días contados y la lejanía de ser amado, creía que eso que se me entregaba era por
amor, mas sin saber que el verdadero amor aun no llegaba.
Eso si el día que vino a
mi, me fulmino, y sin entender totalmente lo saboree, lo disfruté y fui reciproco
con ese amor, mas aun llego la otra gran verdad, nada es para siempre.
