Normalmente, somos renuentes a saborear los diferentes platillos que la vida nos ofrece.
Nos rendimos a la alegría y el placer, y volteamos la mirada cuando se trata de dolor o sufrimiento. Sin entender que para que haya luz, se necesita haber obscuridad, para entender la felicidad hay que saber lo que es la tristeza.
Así, entendiendo las cosas de esta manera, aquí les presento una guía practica para saborear y entender el dolor:
Después
quedar a solas
depositando el llanto
para beberlo luego
hasta saciar la sed
vomitarlo de nuevo
y volver a llorar
paliando así
los sabores del vómito
y llegar al momento
en que el dolor se haga
imprescindible
para que nuestra vida sea
fascinante
J.M.U.
Thursday, December 17, 2009
Guia practica para encontrar la Verdad
Como casi todos sabemos – o al menos eso creo yo - la verdad es relativa a cada uno de nosotros y asi mismo hay grandes verdades que nos competen a todos.En mis pesquisas de niño por saber, empecé a buscar respuestas a tantas preguntas y cuestionamientos acerca de mí, de Dios y de cual era la verdad que me correspondía.
Veía a mis hermanos y hermanas y sabia que yo tenia una tarea diferente en esta vida, definitivamente me aburría haciendo lo propio de mi edad, recuerdo que me acostaba en el jardín mirando al cielo y buscaba en las formaciones de nubes, rostros y figuras de animales, creía que allá mas lejos de lo que mis ojos podían ver, había un mundo en donde para llegar tenia uno que conocer la verdad.
Y así desde pequeño y aburrido por los juegos de niños, me di a la tarea de pensar y pensar y comencé a descifrar diferentes métodos para encontrar la verdad – o al menos algo de ella -.
Esta es una guía practica de ejercicios para encontrar la verdad;
Estando parado recárgate en un muro -asegúrate de estar cómodo en posición vertical- cierra los ojos, o si prefieres recuéstate en un lugar tranquilo donde la luz sea tenue y el silencio sea tu aliado y de preferencia enciende una vela blanca.
Con los ojos de tu interior busca en tu pecho el cierre que esta justo al lado del corazón y ábrelo cautelosamente – no vayas a dejar que parte de tu espíritu se salga-, inhala fuertemente, aguanta la respiración y metete a tu cuerpo, permanece ahí dentro todo el tiempo que quieras, una vez dentro viaja al centro de tu estomago, ahí donde está tu ombligo, observa bien y encontraras un puntito de luz, acércate y veras como crece mientras te vas acercando, síguelo con cautela veras que es una puerta plateada transparente por donde se filtra la luz.
Abre la puerta despacio y con cuidado, sigue la luz, pero recuerda no rendirte a ella, - ya que si lo haces no podrás regresar - observa tu vida, ve tu pasado, tu presente, disfruta del amor eterno, tu familia, tus amigos y saborea el néctar de tus lagrimas, ahí podrás planear tu futuro, recuerda que cuando decidas regresar, hazlo despacio, no corras, la puerta aunque parecerá estar cerrada no lo esta, al regresar no hay necesidad de abrirla, podrás pasar a través de ella sin dificultad, -eso si-, recuerda no voltear hacia atrás, si lo haces sin estar lo suficientemente dentro de tu cuerpo podrías quedarte en el limbo y nunca regresar.
Al despertar de esta especie de trance, estarás rendido, desearas llorar sin motivo, ríndete al llanto si así lo deseas, respira profundo, si deseas dormir, hazlo, yo lo hice por varios días hasta que volvió la claridad de mi mundo, aunque no hay un recuerdo consciente de mi experiencia, se que cambio mi vida, algo dentro de mi tomó su sitio, me siento mas completo.
Sé por otros viajeros, que al repetir el ejercicio varias veces, al retornar, empiezan a recordar cosas del pasado y vislumbras el futuro.
¡Yo aun no lo he logrado!
Hacer este ejercicio al menos una vez en tu vida es recomendado.
Ojalá y encuentres la verdad que te corresponde.
Thursday, December 3, 2009
Ojos Azules
Cuando comienza el día casi siempre me siento triste, curiosamente hoy me siento extremadamente feliz!
El cielo esta gris pero a través de las pocas formaciones de nubes y esa especie de neblina se vislumbra un cielo azul, un azul, claro como sus ojos, esos ojos que me deleitaban al verlos abrirse cada mañana, y más aun al mirarme y sonreír. Dias en que vivia en la tierra del feliz.
Por esos dias, días de mis mañanas felices, los días con nubes y lluvia, causaban en mi una melancolía especial e inusual, que me transportaba a recuerdos de mi infancia, recuerdos que ahora se han desvanecido de mi memoria, ahora vivo en la tierra del triste, con días nublados y un poco de cielo azul, un azul claro como sus ojos.
El cielo esta gris pero a través de las pocas formaciones de nubes y esa especie de neblina se vislumbra un cielo azul, un azul, claro como sus ojos, esos ojos que me deleitaban al verlos abrirse cada mañana, y más aun al mirarme y sonreír. Dias en que vivia en la tierra del feliz.
Por esos dias, días de mis mañanas felices, los días con nubes y lluvia, causaban en mi una melancolía especial e inusual, que me transportaba a recuerdos de mi infancia, recuerdos que ahora se han desvanecido de mi memoria, ahora vivo en la tierra del triste, con días nublados y un poco de cielo azul, un azul claro como sus ojos.
Friday, October 23, 2009
Un Año, Tres Días Después
Regresábamos de un bonito viaje a Las Vegas, habíamos decidido hacer este viaje, tal ves sin saber lo que se avecinaba, una especie de despedida tacita. Recuerdo a mi madre y mis dos hermanos mayores muy contentos con sus familias, todos disfrutando de esta ciudad de luces y colores que aunque maravillosa es un poco decadente –bueno, esa es mi opinión personal-. Mis sobrinos y sobrinas felices también, ya considerándolos, como pequeños adultos y con la libertad de ir y venir a su antojo, en esta ciudad donde la gente camina a todas horas del día, ciudad donde no se duerme.
Era Diciembre 29, lo tengo muy presente.
El hotel escogido por mi madre era por supuesto a su gusto total, hotel bonito y lujoso, la suite de tres recamaras, viendo a una increíble pero absurda replica de la Tour Eiffel. Mi cama deliciosa con un colchón muy suave y los linos blancos como la nieve.
Habiendo sido yo, medio asceta, siempre dormí en un colchón futón rígido, siempre pensando que el exceso de comodidad no era bueno para el espíritu ni el cuerpo, no sé si en eso tuve la razón, pero en ese momento a quien le importaba. El estar ahí con ella y mis hermanos era suficiente, -mi estadía fue deliciosa.
El fin de año se acerco sin darme cuenta, y aunque no pude compartir con todos, fue muy emotivo, Antoine mi hermano mayor me ordeno un buen steak para cenar, mis sobrinas me rodeaban en la cama mientras llegaba mi cena y se preparaban para salir a celebrar la noche vieja.
Yo les veía emocionado recordando tantas noches viejas que compartí con mis hermanos y padres, -en la playa, la ciudad, tantos recuerdos-, y ahora era el momento de mis sobrinos de continuar con esa alegría de celebrar el año nuevo. Yo comía despacio, pero con gusto esa deliciosa carne, la papa al horno siempre fue mi debilidad y esta fue la más deliciosa que había comido en hacia mucho tiempo.
Ya cercanos a la media noche salieron todos a festejar, mi madre sé despidió con un singular beso, algo especial sentí al recibirlo, podía ver en su mirada el brillo usual que al mirarla tanto me gustaba. Salieron todos y me quede en el estar y vi un poco de Televisión.
Justo a las doce alcancé a ver por la ventana los fuegos artificiales maravillosos que anunciaban el nuevo año, me prepare a dormir, cosa que conseguí sin mucho esfuerzo, mi salud era frágil.
Cuando llegó el viaje a su fin decidimos manejar a la ciudad de Phoenix, y volar de ahí a México, directo a casa. Pero antes quedarnos a visitar a Angélica, -amiga de la familia que tenia años radicando en los EEUU- y por supuesto atacar los shopping malls, las compras no podían faltar, mis sobrinas y sobrinos encantados con la idea.
El viaje en auto fue maravilloso, siendo invierno en esa parte del suroeste americano el clima es agradable no muy frió, pues es seco y no cae nieve, la geología del paisaje en muy singular, como no se ve en otros lados, el color de la tierra es de un rojizo y va cambiando a café claro, pasa uno por la impresionante presa Powell, -parada obligatoria- las decoración de los edificios es estilo Art Decó, cariátides masculinas flanquean las entradas, y las columnas de intervalo a lo largo de la calle que cruza el muro de la presa. Además de esta hicimos varias paradas mas, debido a mi condición y para admirar algún que otro paisaje de increíble belleza.
Mi madre decidió quedarse unos días mas en Phoenix y me invito a que yo le acompañara. Cosa que me pareció ideal, pues así podría disfrutar de su compañía uno tiempo mas, siempre tuvimos una buena relación, nos gustaba la buena comida además de disfrutar largas conversaciones.
Regresamos a México, yo decidí seguir viviendo en mi casa, mi salud era estable. Mi madre retomó sus actividades cotidianas, nos veíamos dos veces por semana al menos, pero manteníamos comunicación continua por teléfono. Además de la cercanía de la casa, Sara –la cocinera- venia casi a diario con sus comidas que eran mi deliro, los sabores de mi infancia, que mas podía yo desear en esos momentos, nada!
A mediados del año, viene mi madre a casa en una de sus visitas regulares, y al mirarnos a los ojos como acostumbradamente lo hacíamos, no la percibí como siempre, ella me vio con una mirada profunda y noté algo que me inquietó, y unas lagrimas rodaron por su rostro. Supe entonces que mi muerte estaba cercana, mi imposibilidad de articular palabras y mis pensamientos eran ya entonces evidentes.
Tres semanas mas tarde me sometía a una cirugía de cerebro para aligerar la presión que tenia y mitigar los dolores de cabeza. Hubo una mejoría notable en mi, logre poder articular palabras y tener pequeñas conversaciones con ella y mis hermanos, aun así, aunque ellos no lo notaban, podía yo, ver la desesperación en sus rostros al no poder lograr comunicación completa, nuestras conversaciones se veían limitadas cada vez mas.
Cuando recibía sus visitas, -yo ya postrado en cama-, las platicas giraban alrededor de ellos, noticias de sus hijos y recuerdos memorables de alguna viaje o locura mía, yo solo les observaba, mi capacidad motriz y oral estaban entonces ya muy limitadas, aunque mi mente estaba clara, mi tristeza era infinita al no poderles expresar lo mucho que les quería. Pero así fue y espero que mis gestos y mis miradas pudieron hacerles ver el amor que por ellos sentía.
Mi madre previniendo lo que se venia había decidido construir en la casa familiar, al pie del jardín donde una vez hubo una terraza, una habitación para mí. Mi hermano Laurent siendo Ingeniero se encargo del proyecto, ella sabia el amor que le tuve a ese jardín -donde pasasaba horas en mi juventud experimentando con todo tipo de semillas y plantas-, además del placer que seria para mí el despertar y abrir la ventana y contemplar ese lugar donde tantas charlas compartimos.
El estar mi habitacion en planta baja me facilitaba movilidad – estaba ya en silla de ruedas- me evitaba las complicadas subidas y bajadas de escaleras y me daba acceso el comedor a compartir con ellos la comida como tantas veces lo habíamos hecho, la idea fue genial. Pude recibir visitas más continuas de amigos y familiares y puede salir a la calle con mayor frecuencia, eso si solo con la ayuda de mi madre y la enfermera de nombre Lucia, -magnifica muchacha, Joven de rostro dulce, inteligente y culta-, le gustaba leerme por largos ratos cosa que disfrute hasta él ultimo momento, - fue una lastima el que nunca pude agradecerle el gesto- y así se fueron pasando los días, mi salud seguía en declive, el doctor venia regularmente, creo una vez por semana y así pasaba el tiempo.
Sabía por mi madre que mi abuela -que vivio mas de cien años- preguntaba siempre por mí, y de vez en vez si el clima y mi salud lo permitían me llevaban a verle. Ella al igual que yo estaba imposibilitada de caminar pero su mente siempre estuvo lúcida con su carácter fuerte que la caracterizaba.
Era más fácil transportarme a mí, cosa que me agradaba muchísimo el poder salir, subir al auto, sentir con la ventanilla abierta el aire en mi rostro y el olor de la ciudad. Todo esto me traía muchos recuerdos y sensaciones, era un placer.
En esa ocasión al salir de casa a visitar a mi abuela, vi una nenita rubia de casi un añito o más haciendo sus primeros pasos junto a su nana, vi en su rostro un rostro que conocía de mi niñez, y aunque no lo pude adivinar en ese momento, me enteré mas tarde que era la hija de una vecina que en mi infancia había vivido ahí en mi misma calle y ahora ella había regresado a vivir a esa casa donde yo le vi crecer.
Creo que esa visita a mi abuela fue la ultima que hice, la ultima vez que nos vimos.
El verano pasó y el otoño se hizo presente, el árbol al fondo del jardín comenzó a mudar sus hojas y los rosales dejaron de dar flor, el invierno se avecinaba y mi vida también llegaba a su fin.
Pasaron las fiestas navideñas, mi madre a mi lado, fue fantástico, -aunque para entonces ya mi comunicación era nula y mi movilidad cero-, el solo sentir de sus manos tocando mi cuerpo al asearme o al acariciarme el rostro fue el mejor regalo que en esa navidad pude tener.
Una mañana regular, es que mi madre me avisa que el doctor vendra a verme, la noche anterior la había pasado no muy bien y estaba preocupada por mí. Me asearon como cada mañana, tome mi desayuno sin mucho apetito, eso sí, de alguna manera me hice entender o si Lucia lo adivinó, pero me acercó a la ventana a contemplar el jardín.
El frio de enero no me permitía salir, pero tampoco me impedía ver mi jardin a través de la ventana, que al fin generaba en mi el mismo placer.
Una hora mas tarde llego el doctor, por estos días yo ya no articulaba palabra, no sabían lo que le sucedía a mi mente.
En el cuarto nos encontrábamos, yo sentado en mi silla de ruedas mi madre a mi lado, el doctor justo al frente y Lucia detrás de mí.
La rutina del doctor siempre era la misma, me tomaba las manos, revisaba mis ojos, la movilidad de mi cuerpo, mientras me hacia preguntas que yo nunca contestaba.
En ese afán de revisar mi mente y ver mi lucidez, hizo esa bella pregunta, me miró a los ojos y dijo; ¿Sabes quien es ella?, apuntando a mi derecha, sí le conteste yo, ¡Es mi Mamá! Y gire para verle el rostro, vi en su mirada ese brillo que tanto me gustaba.
Tres días después fallecía yo, bajo un cielo azul de invierno. Justo a las dos con cuarenta y cinco minutos de la tarde, rodeado de las personas que más quise.
Moría curiosamente a la misma hora que muchos años antes había nacido.
Paris 18 Septembre 1907
Thursday, October 15, 2009
Las Poquianchis
Era Viernes temprano cerca de las 9 de la mañana, ya íbamos todos montados en la camioneta, mi madre sonreía - siempre se había distinguido por esa alegría, tenia ojos vivaces, era pequeña y ágil - Nos llevaba al centro de la ciudad a ver el desfile de carros alegóricos típicos del 20 de Noviembre.
Mi padre tenia su negocio en el centro y eso nos facilitaba como llegar y estacionamiento, además de por su calidad de extranjero era socio del circulo Francés, donde él socializaba con otros amigos y hombres de negocios, entre ellos estaba el Sr. Lanvin, dueño de una gran tienda departamental “El Nuevo Paris” que daba justo a la avenida Juárez, avenida principal del centro del ciudad y nos permitía a nosotros y otros amistades acceso a los balcones del edificio desde donde podíamos ver el desfile sin complicaciones y apretones.
Yo por ser bajito me deslizaba entre las piernas de mi madre para tomar el primer puesto junto a la baranda del balcón y así no perder detalle y mientras esperábamos tomábamos refrescantes sodas y alguna golosina.
El desfile venia del lado oriente de la ciudad subiendo por la avenida, desde mi puesto de vigía, tenia la oportunidad de vislumbrar a lo lejos los carros y empezar a hacer mi selección de preferidos.
El balcón era en un cuarto piso, así que no había nada que obstruyera mi vista.
Mi padre tenia su negocio en el centro y eso nos facilitaba como llegar y estacionamiento, además de por su calidad de extranjero era socio del circulo Francés, donde él socializaba con otros amigos y hombres de negocios, entre ellos estaba el Sr. Lanvin, dueño de una gran tienda departamental “El Nuevo Paris” que daba justo a la avenida Juárez, avenida principal del centro del ciudad y nos permitía a nosotros y otros amistades acceso a los balcones del edificio desde donde podíamos ver el desfile sin complicaciones y apretones.
Yo por ser bajito me deslizaba entre las piernas de mi madre para tomar el primer puesto junto a la baranda del balcón y así no perder detalle y mientras esperábamos tomábamos refrescantes sodas y alguna golosina.
El desfile venia del lado oriente de la ciudad subiendo por la avenida, desde mi puesto de vigía, tenia la oportunidad de vislumbrar a lo lejos los carros y empezar a hacer mi selección de preferidos.
El balcón era en un cuarto piso, así que no había nada que obstruyera mi vista.
El desfile conmemora la revolución del país, asi que los carros militares no podían faltar -a mi me encantaban-, además había de charros, otras asociaciones, de payasos y personajes de tirillas cómicas, luchadores y mucho mas.
Fue Entonces que tuve la más impresionante revelación visual, me impacto tanto que nunca olvide ese momento, el carro se acercaba lento, pero el ruido de la muchedumbre abajo a nivel de la calle sé hacia cada vez mas fuerte, la música era estridente y los gritos hacían de la revelación un espectáculo impresionante.
Fue Entonces que tuve la más impresionante revelación visual, me impacto tanto que nunca olvide ese momento, el carro se acercaba lento, pero el ruido de la muchedumbre abajo a nivel de la calle sé hacia cada vez mas fuerte, la música era estridente y los gritos hacían de la revelación un espectáculo impresionante.
En el centro de la plataforma del carro alegórico, había una especie de jaula de barrotes negros donde tres mujeres disfrazadas en vestidos negros y cabellos desalineados muy largos - después mi madre me explico que eran disfraces- hacían movimientos extraños simulando el deseo de salir de la jaula, junto con muecas y alaridos, -supe entonces- eran las “Poquianchis”, mujeres de mala nota que se dedicaban al robo de niños, los cuales vendían o sometían a trabajos como mendigar por las calles o robar.
Durante días le di vuelta y vuelta a las imágenes de esas mujeres y le hacia a mi madre mas preguntas acerca de estas malvadas mujeres. Que si donde vivían?, Que si algún día yo pudiese correr la misma suerte que los pequeñines que ellas robaban?, Que no me llevaran más al centro a visitar a mi padre a su negocio, y así mil cosas pasaban por mi mente.
Y al tiempo todos esos pensamientos se calmaron, y yo, debido a esa mente que me ha dado tantas satisfacciones y tantos problemas, invente mi propia historia que después conté a mi manera.
Pasaron algunos meses y en una bella tarde, después de haber pasado jugando y nadando en la playa, mi madre y la tía Griselda, decidieron que el que quisiera caminar de regreso a casa fuera con ellas.
El trayecto era largo de varios kilómetros así que tratarón de persuadirme debido a mi corta edad, pero yo insistí, al principio me coloque la frente del grupo junto a mi madre, poco a poco fui cediendo el paso y me comenzaron a pasar mis primas y hermanos, hasta que quedé al final con la tía Griselda, así en la caminata, se me vino al recuerdo las famosas Poquianchis, y comenzó mi relato.
Por supuesto la historia estaba llena de detalles de lo que recordaba de aquella escena del día del desfile, solo que la historia cambio hacia rumbos insospechados que ni yo supe de donde salió tanta información.
Y así al ritmo de mis cortos pasos le iba narrando a la tía Grsielda como hacia unas semanas que había estado ausente de la escuela, mi madre me había llevado a la cárcel a visitar unas amigas de ella.
Ya después de caminar y caminar mis pies ya no daban más, aun así termine el largo recorrido orgulloso de haberlo logrado, ya en casa hice lo propio, me dí mi baño y me dirigí al comedor donde se encontraban el resto de mis hermanos y al entrar vi la mirada de mi madre fija en mi, no era la usual, me tomó de la mano y me llevo a afuera, me reprendió por andar contando historias falsas, y me advirtió que un niño de mi edad debe decir siempre la verdad, después de ese susto y mirada correctiva, me ordenó regresar al comedor a cenar para después irme a la cama sin jugar.
Justo antes de entrar al comedor, me tomo del brazo, vi su rostro y su mirada, y vi que en ella había el brillo usual, en ese momento la tomé de la mano, me abrazó y me dió un beso, -yo la abracé más fuerte-, la tomé de la mano y nos volvimos a mirar, ella me guiño el ojo y así sin decirnos nada mas fuimos juntos al comedor, sabia entonces que entre ella y yo había un secreto, y que nunca lo habría de compartir con nadie mas, era la visita que le hicimos a las Poquianchis.
Wednesday, October 14, 2009
Recuerdos de Mi Primer Mundo
Era un sábado por ahí de la una de la tarde, me recuerdo yo, subido en un banquito viendo desde la ventana del cuarto de mis padres -que daba a la calle- a Juanita caminar hacia a la parada del camión, ella llevaba su bolso, iba bien arreglada se veía bonita, ese era la visión que cada sábado se repetía.
Y así cuando ella se iba a su pueblo a pasar el fin de semana con su familia y yo me quedaba solito en casa sin ella, a esperar el Lunes, entonces tenia yo solo cuatro añitos.Este fue mi primer mundo, al menos lo que recuerdo de él.
Y así cuando ella se iba a su pueblo a pasar el fin de semana con su familia y yo me quedaba solito en casa sin ella, a esperar el Lunes, entonces tenia yo solo cuatro añitos.Este fue mi primer mundo, al menos lo que recuerdo de él.
Nací en una ciudad tradicional y costumbrista de mayoría católica y en el seno de una familia burguesa acomodada. La familia de mi padre era de origen extranjero y apellido rimbombante, una abuela copetona que siempre vestía de negro y estaba enferma, mi abuelo consentidor, al menos conmigo - me regalaba sombreros, ya que ese era su negocio-, que siempre andaba muy formal vestido de traje con su reloj de cadena y en algunas ocasiones con su sombrero.
Cuando iba a visitarlos -cosa que solo sucedía en domingo- me escapaba de la platica y juegos en el estudio y subía sigiloso a las habitaciones a hurgar, en ese mundo tan adulto que me fascinaba. La habitación de mi abuelo siempre estaba cerrada pero aun así me las ingenie para en mas de alguna oportunidad entrar y hacer mi detallado reconocimiento del cuarto.
En el había una cama individual algo alta, un gran closet, y una cómoda cajonera, tenia una ventana grande que daba al jardín de la entrada y patio de cocheras, todo esto a la avenida principal que era el frente de la casa. El cuarto de mi abuela estaba lleno de cosas raras como de medico, dos camas individuales una de ellas elevada de los pies a la cabecera cosa que nunca entendí, hasta ya de más grande que supe que padeció de mala circulación en las piernas y que eso ayudaba a su circulación. La otra recamara era de una tía soltera, se había quedado a vestir santos, como decían por ahí.
La Tía Adelaida había estudiado en los estados unidos y daba clases en el Colegio Ingles.
De la familia de mi padre recuerdo poco, aun así esporádicamente escribo cortas narraciones de eventos de esa mi familia paterna.
Con la familia de mi madre siempre estuve muy cercano. El padre de mi mamá falleció cuando yo era muy pequeño no recuerdo mucho de él, solo el día que murió y el torbellino de personas que iban y venían en casa.
Sé por mi abuela -y alguna que otra foto- que era rubio de ojos claros, muy apuesto y andariego. Su familia era de ascendencia española y mexicana, de abolengo y llena de intelectuales -por ahí conservo un boceto del árbol genealógico que prometí a mi abuela algún día continuar-, de ellos con orgullo recibí un regalo el día que me gradué de arquitecto un libro muy preciado, libro arquitectura muy antiguo que perteneció a mi bisabuelo que además de ser Licenciado en Derecho fue arquitecto.
En mi ciudad hay varios edificios notables diseñados y construidos por él. De mi abuela materna tengo muchos recuerdos, de esa época son pocos debido mi corta edad. Ella ha sido una influencia fuerte, ejemplo y alegría en mi vida, ya hablaré de ella mas delante, cosas maravillosas!
Sé por mi abuela -y alguna que otra foto- que era rubio de ojos claros, muy apuesto y andariego. Su familia era de ascendencia española y mexicana, de abolengo y llena de intelectuales -por ahí conservo un boceto del árbol genealógico que prometí a mi abuela algún día continuar-, de ellos con orgullo recibí un regalo el día que me gradué de arquitecto un libro muy preciado, libro arquitectura muy antiguo que perteneció a mi bisabuelo que además de ser Licenciado en Derecho fue arquitecto.
En mi ciudad hay varios edificios notables diseñados y construidos por él. De mi abuela materna tengo muchos recuerdos, de esa época son pocos debido mi corta edad. Ella ha sido una influencia fuerte, ejemplo y alegría en mi vida, ya hablaré de ella mas delante, cosas maravillosas!
Durante esos años no recuerdo que en mi infancia hubiera habido carencias, más aun no había excesos tampoco. Fuimos Seis hijos -yo era él numero cuatro-, además mis padres y tres sirvientas; la lavandera, la cocinera y Juanita mi fiel nana, mi segunda mamá, por entonces ella solo tendría unos 17 años, tan joven pero para mí era todo en ese momento.
Las semanas pasaban felices, mis hermanos eran cuidados por mi madre y las otras muchachas, yo siendo el del medio, -por alguna razón que desconozco- fui encargado a ella, así que sin tener la atención del mayor ni la del menor gocé de temprana libertad e independencia. Disfrutaba de la compañía de Juanita, los mimos, las canciones que me susurraba al oído para poderme dormir o los cuentos de miedo que me narraba para hacerme desistir de que se mantuviera al borde de mi cama hasta conciliar el sueño.
A la hora de comer con mis padres y hermanos era todo un evento, el comedor tenia una mesa gigante que ahora que la veo no lo es tanto pero para mí, esa pulga de 4 anos lo era.
Todos no sentábamos siempre en el mismo sito asignado por algún ser todopoderoso que impedía me cambiara de puesto, ya que odiaba estar en la orilla, y entonces comenzaba el desfile de sirvientas que iban trayendo los alimentos, que se nos servían bajo aviso de comerlos todos o no podríamos retirarnos de la mesa.
En varias ocasiones me quede solo hasta tarde comiendo comida fría ante los ojos tristes de Juanita, que no podía interceder ante el poder supremo de mis padres y esa educación férrea. ¡Que al tiempo he agradecido!
Todos no sentábamos siempre en el mismo sito asignado por algún ser todopoderoso que impedía me cambiara de puesto, ya que odiaba estar en la orilla, y entonces comenzaba el desfile de sirvientas que iban trayendo los alimentos, que se nos servían bajo aviso de comerlos todos o no podríamos retirarnos de la mesa.
En varias ocasiones me quede solo hasta tarde comiendo comida fría ante los ojos tristes de Juanita, que no podía interceder ante el poder supremo de mis padres y esa educación férrea. ¡Que al tiempo he agradecido!
Yo pedía poco, y así me dejaba un huequito en él estomago para comer después con Juanita en la cocina, me encantaba ver como sé servia todo en un plato hondo y usaba solo cuchara para comer, cosa que yo imitaba feliz.
Solo mi sufrimiento del fin de semana alteraba ese bello mundo, y cada sábado antes de irse le lloraba a Juanita e insistía me llevara con ella.
No fue sino hasta un año después si mal no recuerdo que de tanto rogarle a Juanita para que me llevara con ella y mi madre viera mi insistencia y tesón que le tocó el corazón.
Y por fin un día accedió a dejarme ir con ella, eso sí, no solo, mi madre era joven y siendo tantos hijos, la idea de dejarme ir solito con Juanita no creo era de considerarse.
Pero recuerdo bien que ella decidió llevarnos en la flamante camioneta Country Sedan que teníamos. Y por fin un fin de semana con mi madre al volante y Yo feliz sentadito atrás junto a Juanita, -ella muy arreglada, con su ropa muy limpia y su bolso- salimos rumbo a su pueblo.
El trayecto fue corto y recuerdo que pasamos un puente muy bonito, seria tal vez un río de poco agua el que cruzaba el puente, era bastante angosto donde solo dos carros pasaban casi rozándose, era de estilo antiguo, de piedra gris y ornamentos en forma de columnas en cada esquina del puente.
Pero recuerdo bien que ella decidió llevarnos en la flamante camioneta Country Sedan que teníamos. Y por fin un fin de semana con mi madre al volante y Yo feliz sentadito atrás junto a Juanita, -ella muy arreglada, con su ropa muy limpia y su bolso- salimos rumbo a su pueblo.
El trayecto fue corto y recuerdo que pasamos un puente muy bonito, seria tal vez un río de poco agua el que cruzaba el puente, era bastante angosto donde solo dos carros pasaban casi rozándose, era de estilo antiguo, de piedra gris y ornamentos en forma de columnas en cada esquina del puente.
Después me enteré que el poblado donde ella vivía se llamaba Puente Grande, que ironía del nombre y mi destino, pues el puente era pequeño y más aun que años después, muchos mas después volvería a ese lugar pero bajo otras circunstancias, nada agradables, por el contrario terribles, que aun recuerdo vividamente y siento una tristeza profunda cuando lo hago.
En ese mí primer mundo todo era alegría, así lo recuerdo; mi mamá, Juanita y yo felices montados en la camioneta. El tiempo pasó, no sé que fue de Juanita, mi vida siguió, entré al pre-escolar, y la visión de mi primer mundo se amplió, ahora estaba llena de compañeritos y una joven monja encantadora que conquisto mi corazón.
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