Era un sábado por ahí de la una de la tarde, me recuerdo yo, subido en un banquito viendo desde la ventana del cuarto de mis padres -que daba a la calle- a Juanita caminar hacia a la parada del camión, ella llevaba su bolso, iba bien arreglada se veía bonita, ese era la visión que cada sábado se repetía.
Y así cuando ella se iba a su pueblo a pasar el fin de semana con su familia y yo me quedaba solito en casa sin ella, a esperar el Lunes, entonces tenia yo solo cuatro añitos.Este fue mi primer mundo, al menos lo que recuerdo de él.
Y así cuando ella se iba a su pueblo a pasar el fin de semana con su familia y yo me quedaba solito en casa sin ella, a esperar el Lunes, entonces tenia yo solo cuatro añitos.Este fue mi primer mundo, al menos lo que recuerdo de él.
Nací en una ciudad tradicional y costumbrista de mayoría católica y en el seno de una familia burguesa acomodada. La familia de mi padre era de origen extranjero y apellido rimbombante, una abuela copetona que siempre vestía de negro y estaba enferma, mi abuelo consentidor, al menos conmigo - me regalaba sombreros, ya que ese era su negocio-, que siempre andaba muy formal vestido de traje con su reloj de cadena y en algunas ocasiones con su sombrero.
Cuando iba a visitarlos -cosa que solo sucedía en domingo- me escapaba de la platica y juegos en el estudio y subía sigiloso a las habitaciones a hurgar, en ese mundo tan adulto que me fascinaba. La habitación de mi abuelo siempre estaba cerrada pero aun así me las ingenie para en mas de alguna oportunidad entrar y hacer mi detallado reconocimiento del cuarto.
En el había una cama individual algo alta, un gran closet, y una cómoda cajonera, tenia una ventana grande que daba al jardín de la entrada y patio de cocheras, todo esto a la avenida principal que era el frente de la casa. El cuarto de mi abuela estaba lleno de cosas raras como de medico, dos camas individuales una de ellas elevada de los pies a la cabecera cosa que nunca entendí, hasta ya de más grande que supe que padeció de mala circulación en las piernas y que eso ayudaba a su circulación. La otra recamara era de una tía soltera, se había quedado a vestir santos, como decían por ahí.
La Tía Adelaida había estudiado en los estados unidos y daba clases en el Colegio Ingles.
De la familia de mi padre recuerdo poco, aun así esporádicamente escribo cortas narraciones de eventos de esa mi familia paterna.
Con la familia de mi madre siempre estuve muy cercano. El padre de mi mamá falleció cuando yo era muy pequeño no recuerdo mucho de él, solo el día que murió y el torbellino de personas que iban y venían en casa.
Sé por mi abuela -y alguna que otra foto- que era rubio de ojos claros, muy apuesto y andariego. Su familia era de ascendencia española y mexicana, de abolengo y llena de intelectuales -por ahí conservo un boceto del árbol genealógico que prometí a mi abuela algún día continuar-, de ellos con orgullo recibí un regalo el día que me gradué de arquitecto un libro muy preciado, libro arquitectura muy antiguo que perteneció a mi bisabuelo que además de ser Licenciado en Derecho fue arquitecto.
En mi ciudad hay varios edificios notables diseñados y construidos por él. De mi abuela materna tengo muchos recuerdos, de esa época son pocos debido mi corta edad. Ella ha sido una influencia fuerte, ejemplo y alegría en mi vida, ya hablaré de ella mas delante, cosas maravillosas!
Sé por mi abuela -y alguna que otra foto- que era rubio de ojos claros, muy apuesto y andariego. Su familia era de ascendencia española y mexicana, de abolengo y llena de intelectuales -por ahí conservo un boceto del árbol genealógico que prometí a mi abuela algún día continuar-, de ellos con orgullo recibí un regalo el día que me gradué de arquitecto un libro muy preciado, libro arquitectura muy antiguo que perteneció a mi bisabuelo que además de ser Licenciado en Derecho fue arquitecto.
En mi ciudad hay varios edificios notables diseñados y construidos por él. De mi abuela materna tengo muchos recuerdos, de esa época son pocos debido mi corta edad. Ella ha sido una influencia fuerte, ejemplo y alegría en mi vida, ya hablaré de ella mas delante, cosas maravillosas!
Durante esos años no recuerdo que en mi infancia hubiera habido carencias, más aun no había excesos tampoco. Fuimos Seis hijos -yo era él numero cuatro-, además mis padres y tres sirvientas; la lavandera, la cocinera y Juanita mi fiel nana, mi segunda mamá, por entonces ella solo tendría unos 17 años, tan joven pero para mí era todo en ese momento.
Las semanas pasaban felices, mis hermanos eran cuidados por mi madre y las otras muchachas, yo siendo el del medio, -por alguna razón que desconozco- fui encargado a ella, así que sin tener la atención del mayor ni la del menor gocé de temprana libertad e independencia. Disfrutaba de la compañía de Juanita, los mimos, las canciones que me susurraba al oído para poderme dormir o los cuentos de miedo que me narraba para hacerme desistir de que se mantuviera al borde de mi cama hasta conciliar el sueño.
A la hora de comer con mis padres y hermanos era todo un evento, el comedor tenia una mesa gigante que ahora que la veo no lo es tanto pero para mí, esa pulga de 4 anos lo era.
Todos no sentábamos siempre en el mismo sito asignado por algún ser todopoderoso que impedía me cambiara de puesto, ya que odiaba estar en la orilla, y entonces comenzaba el desfile de sirvientas que iban trayendo los alimentos, que se nos servían bajo aviso de comerlos todos o no podríamos retirarnos de la mesa.
En varias ocasiones me quede solo hasta tarde comiendo comida fría ante los ojos tristes de Juanita, que no podía interceder ante el poder supremo de mis padres y esa educación férrea. ¡Que al tiempo he agradecido!
Todos no sentábamos siempre en el mismo sito asignado por algún ser todopoderoso que impedía me cambiara de puesto, ya que odiaba estar en la orilla, y entonces comenzaba el desfile de sirvientas que iban trayendo los alimentos, que se nos servían bajo aviso de comerlos todos o no podríamos retirarnos de la mesa.
En varias ocasiones me quede solo hasta tarde comiendo comida fría ante los ojos tristes de Juanita, que no podía interceder ante el poder supremo de mis padres y esa educación férrea. ¡Que al tiempo he agradecido!
Yo pedía poco, y así me dejaba un huequito en él estomago para comer después con Juanita en la cocina, me encantaba ver como sé servia todo en un plato hondo y usaba solo cuchara para comer, cosa que yo imitaba feliz.
Solo mi sufrimiento del fin de semana alteraba ese bello mundo, y cada sábado antes de irse le lloraba a Juanita e insistía me llevara con ella.
No fue sino hasta un año después si mal no recuerdo que de tanto rogarle a Juanita para que me llevara con ella y mi madre viera mi insistencia y tesón que le tocó el corazón.
Y por fin un día accedió a dejarme ir con ella, eso sí, no solo, mi madre era joven y siendo tantos hijos, la idea de dejarme ir solito con Juanita no creo era de considerarse.
Pero recuerdo bien que ella decidió llevarnos en la flamante camioneta Country Sedan que teníamos. Y por fin un fin de semana con mi madre al volante y Yo feliz sentadito atrás junto a Juanita, -ella muy arreglada, con su ropa muy limpia y su bolso- salimos rumbo a su pueblo.
El trayecto fue corto y recuerdo que pasamos un puente muy bonito, seria tal vez un río de poco agua el que cruzaba el puente, era bastante angosto donde solo dos carros pasaban casi rozándose, era de estilo antiguo, de piedra gris y ornamentos en forma de columnas en cada esquina del puente.
Pero recuerdo bien que ella decidió llevarnos en la flamante camioneta Country Sedan que teníamos. Y por fin un fin de semana con mi madre al volante y Yo feliz sentadito atrás junto a Juanita, -ella muy arreglada, con su ropa muy limpia y su bolso- salimos rumbo a su pueblo.
El trayecto fue corto y recuerdo que pasamos un puente muy bonito, seria tal vez un río de poco agua el que cruzaba el puente, era bastante angosto donde solo dos carros pasaban casi rozándose, era de estilo antiguo, de piedra gris y ornamentos en forma de columnas en cada esquina del puente.
Después me enteré que el poblado donde ella vivía se llamaba Puente Grande, que ironía del nombre y mi destino, pues el puente era pequeño y más aun que años después, muchos mas después volvería a ese lugar pero bajo otras circunstancias, nada agradables, por el contrario terribles, que aun recuerdo vividamente y siento una tristeza profunda cuando lo hago.
En ese mí primer mundo todo era alegría, así lo recuerdo; mi mamá, Juanita y yo felices montados en la camioneta. El tiempo pasó, no sé que fue de Juanita, mi vida siguió, entré al pre-escolar, y la visión de mi primer mundo se amplió, ahora estaba llena de compañeritos y una joven monja encantadora que conquisto mi corazón.

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